Un sábado noche en el Auditorio Nacional
Ayer sábado por la noche estuve en el Auditorio Nacional. Llegué pasada por agua, porque sí era una de estas noches en las que cuando decides salir se pone a llover y a caer agua a mares. Íba con mi polo a velocidad super reducida y decidí aparcar en el parking del Auditorio. Son sólo dos gotas, al mal tiempo buena cara me decía una pareja de señores mientras yo esperaba a canjear mi ticket concierto para luego la salida.
No sin más tardar y andando con el paragüas llegué al Auditorio. No llevaba paragüas largo para meterlo en una de estas máquinas de incorporar bolsas de plástico al paragüas en cuestión, sino en la entrada una azafata muy amable me ayudó a guardar mi paragüas automático en una de las bolsas. Pensé: hay que ir al Auditorio con paragüas largo. Y, por fin, dejando la lluvia, atrás entré.
Me encanta el ambiente que se respira en el Auditorio Nacional: sus pasillos con gente charlando pausadamente sin hacer mucho ruido, gente en la cafetería tomando su copa de champagne o su café, gente sentada como yo en uno de sus sillones de piel tan cómodos esperando plácidamente a que toque el timbre que nos avisa que en cuestión de minutos el concierto empezará. Y, tocó el timbre y pasé. Mi entrada estaba situada en fila de butacas y me encantó el sitio porque podía divisar todo el escenario. Ya estaba todo preparado para que empezara el concierto participativo. Y, recuerdo con mucha emoción y atención el momento de la afinación: el oboe da un "la" a el concertino, una vez afinado, el concertino da el "la" por secciones primero contrabajos y cellos, luego violas, violines, segundos y luego primeros. Una vez acaban de afinar el "la" afinan cada uno con dos cuerdas a la vez, se llama afinación mediante quintas. Y eso es lo agradable al oído ya que cada uno al afinar por quintas escuchas la octava del contrabajo hasta la octava del violín. Y salió el Orfeón Donostiarra y las 400 voces participativas en el concierto preparadas y seleccionadas por Nuria Fernández. Y, el concierto con la sinfónica bajo la dirección de Sainz Alfaro y un cuadro de solistas integrado por la soprano Elena Barbé, el Contratenor Luis Calero y el Barítono Enrique Sánchez comenzó. Fueron 75 minutos repletos de voces, música, y gran interpretación de "Carmina Burana" de Carl Off de gran riqueza ritmica entre coros, música y solistas. Me encantó. Un regalo para todos los sentidos.


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